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Cuando la creatividad peruana se encuentra con la inteligencia artificial
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Cuando la creatividad peruana se encuentra con la inteligencia artificial

La creatividad peruana siempre ha sido algo excepcional, sin embargo, algo está cambiando en ese tejido de ideas: la inteligencia artificial empieza a asomar y, con ella, se multiplican las posibilidades para quienes viven de transformar la inspiración en valor. La llamada economía naranja se ha ganado un nombre propio en el país, agrupando todo aquello que transforma el talento y la innovación cultural en bienes y servicios: desde la música que resuena en festivales limeños hasta el diseño gráfico que revoluciona marcas, pasando por producciones audiovisuales, videojuegos y el software creativo que se exporta más allá de nuestras fronteras.

La economía naranja ya mueve cerca del 2,7 % del producto interno bruto peruano. El camino no es sencillo: la formalización, la digitalización y el respaldo institucional todavía son tareas pendientes, sobre todo para quienes comienzan en el mundo creativo o viven lejos de los grandes polos urbanos. La IA irrumpe como una herramienta que no solo automatiza, sino que también inspira y colabora. En otros países ya se recurre a la IA para generar melodías inéditas, diseñar campañas personalizadas o anticipar tendencias culturales antes de que siquiera se intuyan en la calle. Lo curioso es que estas tecnologías no reemplazan la chispa humana; más bien la potencian, abriendo vías inesperadas para globalizar contenidos locales, pulir obras o descubrir nuevos públicos. Sin embargo, también aparecen preguntas incómodas: ¿Dónde queda el talento genuino?

El reto peruano tiene rostro propio. Las carencias tecnológicas persisten y, según organismos internacionales, la penetración de la inteligencia artificial es aún tímida, frenada por la falta de infraestructura, conectividad y formación especializada. Pero el potencial está allí, esperando a artistas dispuestos a experimentar con nuevas herramientas, a políticas públicas que acercan la tecnología a los rincones más apartados, a marcos legales que protegen y reconocen tanto la creatividad humana como la aportación digital. Quizás la verdadera revolución de la economía naranja no esté solo en adoptar la IA, sino en aprender a bailar con ella, fusionando lo mejor de nuestra tradición creativa con la audacia de lo tecnológico. Hay mucho por explorar y, sobre todo, mucho por imaginar.

Autora:

Milagros Alejandra Salinas Atencio

Lic. en Administración de Negocios Internacionales

Especialista en Inteligencia Artificial

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