¿Qué pasa con las identidades locales distintivas caracterizadas por la comunidades artesanales tradicionales, caso El Salvador, dentro de las economías naranjas o economías creativas? Desaparecen, se diluyen, las adsorbe las dinámicas de los mercados locales y turísticos cambiantes.
En realidad, no desaparecen, los hacedores culturales pueden transformarlas de productos con valor de comercio local a productos que incorporan cambios enfocados a suplir nuevas necesidades, convirtiéndolos en casos registrables como propiedad intelectual a nivel de diseño y línea, volviéndose marcas colectivas propiedad de las comunidades que las producen. Permitiendo monetizar una imagen cultural productiva, tradicional e histórica que puede presentarse y venderse a través de diferentes expresiones artísticas populares.
Bajo este concepto, las identidades locales distintivas pueden experimentar nuevas maneras claves de entenderse, como la Puesta en valor a través de la identificación y segmentación de mercados en base a las costumbres, las artesanías, la gastronomía y los saberes ancestrales; Todo se diseña y profesionaliza para poder presentarse e ingresar a mercados competitivos sin perder su esencia. Lo antes mencionado nos lleva a la Diferenciación competitiva en mira de interactuar y desarrollarse dentro de un mercado globalizado y homogéneo, manteniéndose como propio, diferente, único y verdaderamente irrepetible debido a sus orígenes y el contexto cultural propio de cada territorio de donde provienen. La denominación de origen es importante para el Desarrollo territorial pues las localidades, ciudades, regiones, pueblos o comunidades utilizan su identidad para convertirse en referentes o polos creativos (como micro regiones, corredores culturales o distritos de arte, diseño o turismo cultural como ejemplos que ya se han experimentado en El Salvador), generando desarrollo interno y empleo de acción local con proyección global. Pero esto no quiere decir que no puedan existir daños en cuanto a lo patrimonial desde la óptica de lo tangible e intangible del hecho tradicional cultural (PCI)*. Por eso es de suma importancia que todo, absolutamente todo proceso estratégico de implementación vaya acompañado por políticas de Protección y monitoreos de Evolución pues al vincular la identidad con la propiedad intelectual (en casos de marcas colectivas o no, denominaciones de origen o derechos de autor), no siempre se garantiza la protección del patrimonio contra la copia, la distorsión o daños parciales o totales amparados en la premisa de fomentar la innovación basada en las raíces históricas.
Ante eso sin duda alguna concluimos que el principal reto es lograr que esta metodología de comercialización se implemente y realice de manera justa, garantizando bajo seguimientos y monitoreos constantes que los beneficios económicos y el desarrollo repercutan de verdad y directamente en las comunidades originarias y en los creadores locales como dueños legítimos y herederos de sus tradiciones.
*PCI significa Patrimonio Cultural Inmaterial (también conocido como Patrimonio Cultural Intangible). Se refiere a las tradiciones, costumbres, expresiones orales, rituales, técnicas artesanales, músicas y saberes transmitidos de generación en generación que dan identidad a una comunidad. Definición UNESCO.
Por: Danilo Villalta
Investigador sociocultural, experto en Industrias culturales,
Economía Naranja y Desarrollo económico-Local (OVOP/OTOP)
con enfoque en la Micro y Pequeña Empresa.
Licdo. en Artes plásticas, especialidad en cerámica.
